CELEBRACIÓN DEL DÍA DE SAN IGNACIO DE LOYOLA EN EL MARCO DEL CIERRE DEL AÑO IGNACIANO

Este lunes 1° de agosto, festejamos el Día de San Ignacio de Loyola en el marco del cierre del denominado Año Ignaciano, Ignatius 500, que “es el Año Ignaciano que celebramos para conmemorar el quinto centenario de una experiencia que transformó a Ignacio de Loyola para siempre, y dio lugar a una espiritualidad que dio origen a las universidades jesuitas como lo es el Tecnológico Universitario del Valle de Chalco.

El evento a cargo de la Dirección de Formación, Incidencia y Vinculación dio inicio con un mensaje que nos invita a la vida de San Ignacio y cómo la conversión que tuvo le permitió ver de diferente forma la vida para prestar ayuda al mundo entero “Ayúdanos -Señor, a apartarnos de nuestras miradas estrechas, de nuestras ideas preconcebidas sobre nosotros mismos, sobre los demás, sobre nuestro mundo y a ver todo con ojos nuevos”, oración del Año Ignaciano que se mencionó debido a que en la actualidad se ha olvidado la verdadera esencia del ser humano, ya que el egoísmo, el odio y el rencor han tomado fuerza y se ve reflejado en los actos de violencia en México y otras partes del mundo como la guerra entre Rusia y Ucrania. El respeto, amor, la solidaridad, tolerancia, paz y armonía entre las personas está siendo más difícil, por ello se hace la invitación a que en el marco de esta celebración recordemos que como seres humanos somos mente, cuerpo y espíritu; y a que después de estos 500 años tomemos el ejemplo de San Ignacio de Loyola en cuanto a si despertar espiritual, ya que las malas experiencias también pueden ser el puente para cambiar nuestra visión hacia una riqueza espiritual.

El pasado 20 de mayo de 2021 inició el Año Ignaciano. De este modo, las universidades confiadas a la Compañía de Jesús, como es el TUVCH, llevaron a cabo diversas actividades para celebrar los 500 años de la conversión de Íñigo de Loyola (fundador de la Compañía de Jesús). Así como él, nosotros también hemos recibido una bala de cañón, que fue la pandemia por COVID-19, la cual ha herido al mundo entero, pero al mismo tiempo, esto nos ha obligado a reflexionar y discernir ciertas cosas como humanidad y como personas. En ese sentido, en el Tecnológico Universitario del Valle de Chalco recordamos algunas actividades que hemos realizado a lo largo de este año ignaciano:

Todas estas actividades nos han ayudado a fortalecer la identidad institucional del TUVCH como una universidad jesuita. También hemos podido conocer más sobre la vida de Ignacio de Loyola, la Obras de la Compañía de Jesús, las Preferencias Apostólicas Universales y las encíclicas del Papa Francisco. En suma, como comunidad universitaria hemos podido entender que el proceso de conversión es una experiencia transformadora, tanto en lo individual, como en lo social.

Así mismo, hacemos un recuento y reflexión de la vida de este personaje que ha inspirado nuestro proceder:

Derivado del Seminario sobre la Conversión Ignaciana a cargo del Área de Reflexión Universitaria, algunos voluntarios dieron una explicación y reflexiones al respecto. Alejandra Juan nos habla sobre las mujeres en este proceso de conversión, que cobijaron a Iñigo de Loyola por escuchar sus palabras y convicción personal que contagiaba a estas 12 mujeres llamadas “Las Iñigas” por su devoción a la palabra de Loyola. Otra mujer destacada resulta ser Isabel Rose, quien apoya a Iñigo junto a su marido, sin embargo, San Ignacio al inicio no contemplaba que hubiesen mujeres dentro de su movimiento, así que ella entró temporalmente al quedarse viuda y apoyó a la causa, posteriormente tuvo que salir y murió distanciada de esta corriente, más no de Iñigo de Loyola.

Así mismo se recuerda a Juana de Austria, quien sí logró ser jesuita, a pesar de la no apertura a mujeres en la Compañía, por lo que adoptó el seudónimo de Mateo Sánchez, gracias a ella se abrieron las puertas a la participación femenina y continuaron diversos grupos de mujeres y personajes destacados que apoyaron desde diversos puntos del mundo. Desde esta visión vale la pena mencionar el papel de la mujer contemporánea que apoya y sigue a la Compañía de Jesús.

Otra opinión nos invita a reflexionar porqué nos decimos universidad jesuita, y a recordar el compromiso que esto implica, desde pensar en el contexto y la consolidación de la compañía hasta comprender la complejidad histórica que esto lleva consigo. Se cita la reflexión del padre de Camerún Jean Luc Enyegue SJ, sobre el significado de la conversión: El 20 de mayo de 1521 una bala de cañón hirió a Ignacio de Loyola, este incidente lo hizo tocar fondo, era un caballero que tenía aspiraciones como muchos de nosotros, pero posterior a esto llevó una transformación interna en su día a día, a escuchar la voz que lo llamaba al servicio a una vida santa, por lo que funda la Compañía de Jesús, dándose cuenta que la llave de la verdadera transformación era la Educación. “No hay mayor tragedia, si volvemos a la tragedia una pista de despegue”, cita el Dr. Jorge Luis, participante del seminario.

Por su parte, el Dr. Ernesto Magaña hace una recolección de saberes del seminario de Conversión, resaltando las transformaciones que cada uno puede tener al observarse a sí mismo, reflexionar y preguntarse por su contexto. Menciona a la universidad de Alcalá, como precursora del cambio de pensamiento en España. Además de compartirnos una reflexión, donde el primer golpe en la vida de San Ignacio de Loyola no fue la bala de cañón, sino, perder a su protector y afrontar una realidad distinta a la que él pensaba sería su futuro. Ignacio a pesar de ser competitivo, tenía gran aprecio por la construcción de la amistad y sabía respetar a pesar de tener diferencias.

En el último bloque del evento, se contó con el valioso testimonio de José Ignacio Maldonado Baeza, escolar jesuita, originario de la Ciudad de México y con 30 años de edad, es licenciado en Historia por la UNAM y entró al prenoviciado en la Compañía de Jesús en 2018. Con una participación de manera virtual relata su historia respecto a cómo fue llamado a acercarse al mundo jesuita, y hace una analogía diciendo que el reino de Dios es como quien compra el terreno donde encontró el tesoro y vendió todo. Desde su experiencia no siempre fue cercano a la religión, pues vivió el desencanto de la iglesia al no estar de acuerdo con ciertas premisas que manejaban en el catecismo y la idea de un Dios que castiga, así que se interesó por el mundo del arte y la historia en la UNAM, derivado de un proyecto escolar asistió a la Ibero CDMX y es allí, donde comienza a escuchar sobre los jesuitas, después en una materia montó una exposición respecto a los ejercicios espirituales de San Ignacio, y los toma para saber más del tema, descubriendo que lo que se busca es ver tu propia historia y cómo experimentas el amor de Dios en tu vida, eso comenzó a cambiar su visión e identifica tres momentos de contacto con Jesús:

  1. Misiones en Veracruz y la sorpresa del buen trato de la gente sin buscar nada a cambio y a pesar de su situación precaria.
  2. Visita a una caravana migrante y escuchar las historias de hombres y mujeres en busca de una mejor vida.
  3. En el momento de los 43 desaparecidos, presenció una misa en la Ibero con la asistencia de los padres de los 43.

En sus palabras, “Dios poco a poco y con ternura nos muestra el camino”, así a él, lo encaminó de ser universitario, con novia y estudiando historia a hacer su prenoviciado, luego el noviciado y finalmente a hacer sus votos perpetuos hace un año y actualmente estudiar filosofía en el ITESO en Guadalajara. La espiritualidad es como un puente, y cada religión es un material distinto, la espiritualidad ignaciana es una manera más de llegar a Dios, de esforzarnos para mejorar el mundo, como nos deja en sus enseñanzas James J. Martín, sacerdote jesuita estadounidense en su libro “Más en las obras que en las palabras”.

El último momento de la celebración fue la invitación a los asistentes a pasar al altar de San Ignacio de Loyola montado por el grupo de Cartonería del TUVCH, con flores, imágenes y un tapete de aserrín, a encender con velas el número 500 y así, celebrar de manera simbólica el Día de San Ignacio en el marco del cierre del Año Ignaciano.

Por Blanca Gutiérrez

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